La geografía tradicionalmente ha utilizado una división marcada por las actividades económicas para la definición de los espacios. Estas actividades se han dividido en tres grandes sectores económicos que han tenido un peso muy marcado en la configuración de los espacios geográficos.
El sector primario: Encargado de la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento y extracción de materias primas desde la silvicultura, la caza, la pesca y la acuicultura. Quizás el más importante en la definición de espacios geográficos por su extensión. En el siguiente reportaje sobre "el sector primario en Canarias"os podéis hacer una idea perfecta de las principales tendencias, problemáticas y por supuesto, las actividades del sector primario. Aunque se trata de un reportaje sobre una Comunidad Autonoma completa, podéis verlo como una estupenda iniciación a la mayor parte de las actividades. (Aquellos a los que la lectura os plantea más problemas os podéis apoyar en este reportaje para completar vuestra mirada sobre este sector.


El sector secundario: Dedicado a la transformación de las materias primas, la industria. También la producción de energía y aunque se trata de una extracción de materias primas, suele también considerarse dentro del mismo a la minería. Muy importante por la huella que deja impresa en los paisajes y por su vinculación a las actividades consideradas más agresivas con el paisaje (constitución de paisajes negros o deteriorados que tienen en general una percepción negativa en las sociedades)
El sector terciario: El resto de las actividades económicas, desde el transporte, al comercio, pasando por los servicios públicos, los bancarios o los de seguros, además del turismo. Económicamente es el sector más importante en las economías desarrolladas y determina también la evolución de los anteriores sectores. Espacialmente tiene una importancia excepcional pues está vinculado al crecimiento exponencial del fenómeno urbano, centro esencial para las actividades terciarias. Desde el punto de vista cultural el crecimiento de estas actividades respalda la aparición de fenómenos históricamente novedosos como la generalización de la “cultura del ocio” o la del “turismo”. Es sin duda el sector más complejo y que la mayor parte de nosotros reconocemos como más cercano.
Las actividades económicas se definen como todos aquellos procesos que llevan a la satisfacción de las necesidades humanas y que son consustanciales a las sociedades desde los orígenes de la humanidad. Evidentemente la principal actividad que el hombre ha tenido que ejercer para su supervivencia ha sido la de conseguir alimentos, procurarse un abrigo y un vestido y lograr los materiales precisos para cumplir con estas necesidades.
Precisamente la obtención de alimentos así como la de las más elementales materias primas, son las actividades principales del sector primario. También hay que señalar que han sido precisamente las actividades relacionadas con este sector primario las más relevantes a la hora de configurar paisajes y determinar territorios. En este sentido el peso de la agricultura y la ganadería en la creación de paisajes, a menudo confundidos con “paisajes naturales”, es esencial no sólo desde el punto de vista de la geografía, también para la antropología, la etnografía o la misma historia. Los paisajes agrarios tradicionales se han convertido en objeto de conservación por sus valores culturales, históricos y evidentemente por su calidad paisajística. De hecho la conservación de estos paisajes tradicionales ha sido una constante en las políticas de organización del territorio de muchas administraciones por su interés turístico, pensemos en los valores que en este sentido tienen los verdes prados cántabros o asturianos o los paisajes de huertas y frutales de determinados espacios mediterráneos.
En los primeros miles de años de nuestra historia los hombres sobrevivieron gracias a una economía de subsistencia de cazadores y recolectores. En este tiempo que corresponde cronológicamente al Paleolítico, la capacidad del hombre para transformar el paisaje fue muy limitada. Sin embargo el peso de la población creciente, el cambio climático, la desaparición de parte de los grandes herbívoros que habían mantenido al hombre del paleolítico, abocó a la humanidad a otras formas de obtener el alimento. La revolución Neolítica es uno de los más relevantes sucesos de la historia de la humanidad. Merced a él, el hombre dejó de recoger los alimentos de la naturaleza de forma directa, abandonó el nomadismo, se apartó de las rutas de las grandes manadas y se sedentarizó, creando las primeras aldeas y ciudades y alrededor de ellas los campos de cultivo que permitieron prosperar a aquellas sociedades. El neolítico cambió el aspecto del mundo. Donde antes había naturaleza salvaje surgieron los cultivos ordenados y especializados de los hombres, cada tierra, cada clima, cada altura, se dedicó a una especie concreta, cada territorio supo buscar las especies que mejor se adaptaban a las condiciones climáticas de la zona. (Para que veáis que no siempre os pongo cosas muy difíciles...., aquí tenéis una explicación infantil sobre los cambios del neolítico)

El hombre comenzó a transformar todos los paisajes de la tierra, tanto, que acabamos confundiendo a menudo los paisajes agrarios con paisajes naturales. Las praderas fueron sustituidas por campos de cereal (al fin y al cabo otra gramínea), así pasó por ejemplo recientemente en las praderas centrales de los EEUU donde pastaban las manadas de bisontes, que fueron sustituidas por campos de cereal. Pero también ocurrió en buena parte de Europa, en el Mediterráneo o en Asia Menor. En otros lugares el bosque dejó lugar a los frutales, o a las praderas para el ganado. Las riberas de los ríos fueron transformadas en huertas y o se inundaron para convertirlas en arrozales (tal y como vemos en oriente). - (Una explicación menos infantil)

Los bosques que antaño cubrieron Europa se transformaron en campos de cultivo, fueron roturados. Desaparecieron también bajo el peso de la explotación de sus maderas y de su leña, necesaria para calentar las ciudades y para la construcción. Durante siglos buena parte de Europa se construyó en madera, hasta que los incendios por un lado y la escasez por otro, introdujo otros materiales, como el ladrillo o la piedra. A pesar de ello, la madera fue durante mucho tiempo uno de los recursos principales de las naciones europeas, un recurso además muy necesario, tanto para la construcción de flotas, como para el de herramientas, viguerías y muebles. La presión de la demanda de madera, acabó con buena parte de los bosques de Europa, entonces la madera se trajo de lugares mucho más lejanos, de los bosques del norte o de los masas de madera tropical de las colonias. En cualquiera de los dos sentidos, esa explotación transformó el paisaje. En unos lugares sin sustituirlo realmente por nada, convirtiendo zonas boscosas en yermos, que luego eran fácil pasto a la erosión. (Parece que los Monegros fue en un tiempo un frondoso bosque de encinas). En otros los bosques se explotaron y fueron sustituidos por cultivos. (Como ejemplo cercano de esos procesos de desforestación tenemos aquí al lado el caso del Cerro de San Pedro, donde las excavaciones de época romana y visigoda nos permiten hacernos una idea de cómo era el paisaje en aquella época y lo que queda de él tras las roturaciones)
La transformación provocada por la agricultura y la ganadería ha definido la mayor parte de los paisajes de la tierra y los paisajes agrarios sirven para completar nuestra mirada sobre los espacios naturales, a los que a menudo complementan o con los que se mezclan. El bosque atlántico y las praderas se entremezclan en las montañas cántabras, o las zonas dedicadas al olivar y al cereal se entremezclan con las masas de encinares dedicados a la caza como cotos, en el sur de España. Medio natural y paisajes agrarios forman entrelazados ese paisaje rural que conocemos y distinguimos en diferentes zonas de nuestro país o del resto del mundo.