Clase 4.- Las principales herramientas gráficas para el estudio del territorio. La cartografía. La fotografía
Aunque el viaje y la observación directa son el mejor medio de conocimiento del paisaje, la evolución de las ciencias y la técnica de representación del mismo nos permiten hoy en día conocer un territorio a partir de la fotografía o sobre todo, de la cartografía.
El estudio de fotografías ha sido uno de los ejercicios más habituales de la geografía escolar en el bachillerato. Una fotografía relevante de un paisaje determinado nos permite hacer un análisis razonado de los elementos que aparecen en el mismo y establecer tesis sobre la configuración de ese paisaje. De hecho el ejercicio de observación, descripción y análisis de una fotografía aparece en la PAU en la especialidad de Geografía.
Tal y como explicábamos en la clase anterior, el orden en la observación y en la descripción y la singularización de cada uno de los elementos, descomponen el paisaje e intentan explicarlo a partir del establecimiento categorías. Las categorías sirven para ordenar elementos como si se tratara de conjuntos, establecidos en función de características que los singularizan; por ejemplo una categoría serían las personas rubias, del mismo modo que en un descripción de la vegetación serían los “árboles de hoja caduca” o en una descripción sobre las viviendas en un espacio, las “viviendas en altura” o las de “una sola planta”, o las “unifamiliares” y las “plurifamiliares”, o las viviendas “habituales” o las “estacionales”, si estuviéramos diferenciando casas de vacaciones de los domicilios corrientes.
Categorizar y ordenar lo que hallamos en un paisaje, en la realidad o en la fotografía, exige una observación detallada, definir lo observado así como darle un sentido y por lo tanto tratar de organizarlo. Así, además de establecer categorías, los geógrafos solemos ordenar jerárquicamente (en función de su importancia en la determinación de un paisaje), los diferentes elementos presentes en el mismo. Por ejemplo, en un paisaje agrario posiblemente el peso del cultivo presente en el mismo será especialmente relevante para su definición y su explicación; un campo de cereal de secano, nos da una información muy relevante sobre las características de un paisaje castellano, del mismo modo que el paisaje de prados y arboledas nos dice mucho de los paisajes del piedemonte del Guadarrama.
La cartografía y de manera especial el mapa topográfico (base a su vez de otros mapas especializados, como los geológicos o los de cultivos), nos permite observar un paisaje de manera esquematizada pero muy rica. En primer lugar el mapa topográfica ordena la información sobre un paisaje en capas, cada una de las cuales está definida por el color de las tintas. El relieve con las isoyetas en marrón, la red hidrográfica en azul, la red de comunicaciones en rojo y en negro o las poblaciones y construcciones destacadas en tinta roja. Los topónimos y su tamaño nos dan informaciones sobre el número de habitantes y la propia topografía nos habla de las actividades y funciones que determinados espacios han tenido o tienen aún. (El topónimo Prado Nuevo, por ejemplo, no sólo nos informa del uso de un espacio como prado, sino que posiblemente se tratara de un espacio más recientemente roturado que los que le circundaban).
Por otro lado la cartografía es esencial a la hora de singularizar los espacios, nombrarlos y establecer limites en los estudios geográficos, sirviendo de base a cualquier trabajo sobre el territorio, tanto en su acotación como en su conocimiento.
Otras cartografías más sintéticas y esquemáticas pueden también sernos de utilidad. Los planos urbanos, incluso los más simplificados o en el caso contrario, las informaciones catastrales, que determinan las parcelas de un espacio concreto y nos dan información sobre sus dimensiones, propietarios o las posibilidades de uso de las mismas.